Voces Campesinas de Nepal
Valle de Pokhara : voces campesinas de Nepal
« Me hundo en lo verde
en la espesura de la foresta
en las escondidas y diminutas villas
en rostros ajenos y llenos de misterio… »
De entrada impresiona la verde pradera que invade por todos lados, un reverencial respeto me delata a cada paso. A mis pies el lago Begnas luce espléndido como una gran gota de ambrosía. Desde la colina el camino se abre y, a ambos costados, blancas casitas se desparraman entre terrazas de cultivos. Y junto a mí, amables rostros me invitan a degustar tanta belleza.
Con el fondo mágico de los Annapurnas, asentada alrededor de los lagos Phewa, Begnas y Rupal, la vida rural en el valle de Pokhara de Nepal se despliega en toda su dimensión. Allí la agricultura se erige como el principal sostén de la vida de sus pobladores.
Al igual que en toda la región de Pahar, nueve de cada diez personas, son campesinos y el nexo de la foresta con la alimentación se hace evidente, útil y necesario. En esa estrecha franja de 100 km. de ancho la llamada gran meseta nepalesa es el corazón agrícola y poblacional del país.
« sobre sus espaldas cargan la vida
en la frente todo su poder
namasté ! me saludan gráciles
su blanca sonrisa, la ilumina el sol »
Desde las primeras horas de la mañana numerosas mujeres y algunos hombres saludan al pasar. Algunas acarrean tanta cantidad de forrajes o pajas sobre las espaldas que sus diminutos cuerpos casi no se ven. Otros, llevan palos para excavar (precursor del arado), hoz y algunos cuchillos. Y niños por todos lados, en el bosque, en las villas, en las escuelas.
«Las mujeres hacen la selección de las semillas mientras que los hombres deciden su aplicación » cuenta Jimri Parajuli, un joven nepalés que conocimos en el pequeño poblado de Bimirepant.
Subidas y bajadas y un mapa de la región me llevan hasta Kalikastán donde este joven nos invita a dormir en la casa de su familia.
Jimri, al igual que toda la gente del valle, es amable y derrocha pura simpatía. Estudió agronomía en Estados Unidos y volvió a su tierra como un conocedor de la agricultura occidental.
Este nepalés de sólo 23 años comenta que las antiguas prácticas agrícolas han mantenido la fertilidad del suelo a lo largo del siglo. « El cultivo de terrazas es un verdadero mosaico de diversidad y reciprocidad entre el campesino y la naturaleza » dice orgulloso.
Todas las casas rurales poseen grandes conos de paja que en un principio creemos que son destinados para reforzar los viejos techos de las viviendas. Pero nos equivocamos.
« Son galpones de almacenamiento de granos para la siembra » revela Surenda Patak, un granjero que conocí en las afueras del poblado de Kaphal Danda. « De modo que el ciclo de producción nunca se interrumpe por falta de semillas » agrega con sabiduría.
En el campo todo es mágico, natural. Sólo se escucha la música de los pájaros y el susurro del viento en las hojas de los árboles. Y el ruido de la maquinaria agrícola simplemente no existe. Del ambiente ebulle un estado armónico insuperable.
Todo, absolutamente todo, es manual o realizado con ingeniosos métodos que, según cuentan los campesinos, son antiguos y se transmiten de generación en generación. Dentro de ese particular criterio, cada familia posee su propio método de siembra. Sus propias reglas.
Hasta la época de la reforma agraria, ocurrida en 1991, cuando comenzó la democracia en Nepal, los aparceros debían entregar el cincuenta por ciento de las cosechas a los propietarios. Hoy, muchos de ellos, son dueños de la tierra que explotan y, además, el gobierno creó nuevas escuelas agrícolas.
Cuando llego a la granja de Patak observo que toda la familia se encuentra en plena labor. Sólo la abuela queda en la casa regando los árboles frutales y limpiando el piso de tierra de la entrada.
La tarea comienza cuando los hombres desparraman sobre el terreno los granos de mijo cosechados. Luego con pantallas gigantes de mimbre los abanican con fuerza hasta que logran sacarle todo la maleza. Este trabajo que se repite decenas de veces durante el día comienza muy temprano a la mañana.
« Ha sido una de los mejores cosecha en años. Por ese motivo tenemos que trabajar el doble » explica emocionado el granjero. Posteriormente las mujeres seleccionan los mejores granos y el resto lo destinan a la alimentación de los animales de su granja.
« Vivimos sólo de lo que nos brinda la madre tierra. No comercializamos nada ni tampoco compramos abonos químicos. Todo es natural » cuenta la enérgica esposa de Patak mientras prepara un suculento dal bath (arroz con lentejas), plato típico de Nepal.
El aprovechamiento de los desechos orgánicos como abonos, el sistema de riego y la recuperación de la tierra mediante la plantación de árboles son responsabilidades exclusivas de las mujeres campesinas.
El hombre la complementa en la ejecución del cultivo. Siembran papas, cereales y una infinidad de leguminosas propias de la región además de frutas de todo tipo. Pero principalmente arroz, base alimenticia del campesinado.
«Recorro lo interno
lo que nadie va a mostrarme
la belleza ingenua de lo simple
la verdadera sangre de un territorio »
Me pierdo en largas y tranquilas caminatas. Me adentro en la aparente simpleza de los rostros campesinos, en remotas villas mixturadas de vegetación.
A medida que avanzo me voy descubriendo, me sorprendo cada vez más. Las familias son patriarcales. Los padres eligen la mejor manera de casar a sus hijos. El sistema de castas aún está fuerte en todas las zonas rurales de Nepal.
« En nuestra sociedad no existe un período de noviazgo. El amor viene luego del matrimonio, no antes como en Occidente » confiesa Ravindra Prasad, en un recreo de sus tareas de maestro en la humilde escuela primaria de Syalung.
Apenas me ve y a pesar de los gritos de advertencia de Ravindra, los niños se abalanzan tocando todo lo que llevo puesto; pidin lápices, chocolates, festejan interesados en mi llegada y lo hacen a su manera.
Este maestro de inglés de 30 años nos cuenta que los salarios rurales son muy atractivos. Y por ese motivo hace unos años decidió dejar la comodidad de Pokhara para vivir en el valle.
La metodología de Ravindra es peculiar : enseña inglés a los niños mediante la lectura de clásicos poemas de la literatura india y nepalesa. « Mi preferido es una poesía de Rabindranaz Tagore » y luego, bajo la luz de la vela, el maestro nos recita el poema.
Y los descubrimientos siguen. « Acá nosotros necesitamos ayuda del gobierno » alerta Rajiv Togni, otro docente que vive en el pueblo de Begnas junto al lago del mismo nombre. « Muchos de nosotros no tenemos una buena formación docente. Una vez terminado el ciclo secundario nos aventuramos y buscamos trabajo en cualquier escuela y aunque parezca mentira decirlo, muchos lo conseguimos sin necesidad de tener grandes conocimientos. Solo iniciativa » se sincera el joven que trabaja con 300 alumnos en la escuela de la zona.
Según datos oficiales Nepal posee en la actualidad cerca de 100.000 maestros y más de la mitad no tienen formación terciaria.
Su padre, dueño de una hermosa posada en una colina de cara al lago, nos comenta otro problema: la disminución del turismo debido a la aparición de la guerrilla.
« Los turistas creen que los guerrilleros operan en esta región y eso no es verdad. Están bastante lejos de acá » nos dijo con un tono amargo. Y tiene razón. Según datos gubernamentales, los grupos de extracción maoítas operan en guerrillas de baja intensidad en lugares inaccesibles de las grandes montañas himaláyicas.
La familia rural nepalesa posee características muy singulares : el hombre más viejo de la casa almuerza y cena antes que todos y la cocina está prohibida para cualquier miembro familiar. Nadie bebe del vaso o del plato del otro porque lo consideran impuro y fuente de potencial contagio de enfermedades.
« me pierdo en lo verde
en las profundas sombras
que lo refrescan todo
en la fascinante magia
de los angostos senderos
en mis emociones insaciadas de algo nuevo »
Las brumas matinales invaden el lago aún dormido. Sólo escucho mis pasos mientras me acerco al pequeño puerto del lago. Desde allí, la pálida visión de una docena de picos, que superan los 6.500 metros, me conduce a otro mundo, a otras nuevas sensaciones.
Así como los búfalos y vacas son las herramientas de trabajo para los granjeros, las redes lo son para los pescadores. En el valle de Pokhara, son muchas las familias que viven de la actividad pesquera.
« Parte de la pesca la vendemos en las posadas o albergues turísticos y obtenemos buenas rupias a cambio » cuenta Rambabu, dueño de algunas canoas y botes que utiliza no sólo para pescar sino también para pasear turistas por el lago.
La vida rural de Nepal permanece como ajena al paso del tiempo aunque ello no signifique que allí no se vivan problemas, sueños, amor o esperanzas como en cualquier parte del mundo.
Hay que salir de los senderos trillados para encontrar la acogida espontánea que caracteriza a los nepaleses. Avisorar detalles culturales irrumpiendo con sigilo y decoro en la cotidianeidad de sus dias.
Caminar, curiosear, preguntar, sonreir son iniciativas para conocer y saber que esos jóvenes siempre se muestran cordiales con los foráneos ; que las mujeres nepalesas no claudican en su labor en el campo ; que los mandarinos y cabritas riegan de sabor y color los senderos ; que los cultivos diseñan terrazas de mil verdes ; que los búfalos desafían las órdenes de sus amos en la siembra y que la vaca es y será fuente de prosperidad de estos pueblos.
MARCELO CABALLERO